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Habían
pasado ya varios días desde la muerte del padre de Helen,
pero ella no había salido de su sinuosa cama más que para
asearse y atender a sus necesidades biológicas, lo cual
hacía por educación hacia sus sirvientes, que vagaban
tristemente por el caserón, con la mirada perdida entre
tantos cuadros y jarrones caros. Helen pasaba sus horas tumbada en la cama, con la ventana abierta y la vista clavada en el jardín. Ya no dibujaba, ni tocaba el piano, ni se ponía preciosos vestidos para ir a la ciudad a ver como pasaban los carros por las calles empedradas. Había abandonado su forma de ser para sumergirse en la más profunda de las depresiones. Y así transcurrieron los días, las noches y las semanas, hasta que el destino decidió poner fin a su desamparo. Se encontraba ella, como todas las noches, tumbada en su alcoba, sin cerrar los ojos no fuera que su cuerpo sintiera el más mínimo placer al conciliar el sueño y éste estuviera en desacuerdo con su alma. Hacía frío, pero la ventana seguía abierta, y las sedosas cortinas ondeaban al son del viento, mojándose con cada gota de lluvia que el cielo dejaba caer. Fue entonces cuando de entre las sombras de la noche apareció, sin previo aviso, un visitante inesperado. Entró en la casa a través de la ventana, sin que ello le supusiera ninguna dificultad, y lentamente, se acercó a su presa, que yacía inmóvil en la cama como si el diablo hubiera robado el miedo de su corazón. Estaba mojado y sus huellas en el plomizo suelo de mármol chirriaban lentamente, dando a entender la tranquilidad y la alevosía de sus actos. A los pies de la cama, tanteó la piel de su víctima, blanquecina y suave como la seda, y acercó su cabeza al cuello de ésta como quien se acerca a la cocina esperando la hora de comer. Un tono de voz inesperado brotó de los labios de Helen, casi en un susurro... Haz conmigo lo que te plazca, criatura de la noche, pues ni tú ni el mismísimo diablo podéis hacer que olvide este dolor. Si tu deseo es acabar con algo que no tiene validez, no te pondré impedimentos, pero si con mi cuerpo consigues darle vida a esos ojos grisáceos rogaría que no lo hicieras, pues nadie sabe si la vida les depara un llanto eterno. |
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La
inquietud invadió mi alma cuando volví a pisar el entablado
suelo de nuestro dulce hogar.Acababa de ver por última vez las manos de mi padre, aquellas manos que me columpiaban, que me abrazaban y me escribían poemas preciosos. Su alma se había perdido y ahora la soledad se adueñaba de la mía. El paisaje seguía tranquilo y apacible, y las fuentes en los jardines no habían cesado de emitir su tintineo cristalino. Entré en la casa, decorada con tanto lujo como les era posible a una familia adinerada del norte de Gran Bretaña en 1828. Dejé mis cosas encima de la cama, y me senté en el borde, con la mirada pérdida. No sé cuanto tiempo pasó, pero cuando quise darme cuenta ya había anochecido y mi padre no había venido a darme el beso de buenas noches. Había abierto la ventana, y el frío me calaba hasta los huesos. Pero yo ya había tomado una decisión clara y concisa: Iba a dejarme morir. |
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Y
llegó el día en el que Ana se dio cuenta de que los dolores
menstruales no son una excusa para no levantarse del sillón.Hoy no salgo. No. No me insistas, qué no. Qué me duele todo el cuerpo y un cachito del alma. Me quedo en casa. Solita y llorando. ¿Llorando? No, hombre, es para dar pena, Cómo si no tuviera yo cosas que hacer... Uh... Vale, no tengo mucho que hacer, pero ya se me ocurrirá algo. Espero no volverme una sádica y matar al perro, al pobre le dolería. Quizás ocupe la mayor parte de mi tiempo viendo películas de miedo, y... ¿Por qué no? Imaginándome que estoy en una de ellas. ¿Quién podría ser? Ya lo tengo, la fatalista: "Vamos a morir todos" ó "Esto es muy peligroso, Jason, te matarán" Y al final, Jason muere, y la otra no para de llorar hasta que le rebanan la cabeza a ella también. Hay que ser tonta... o una adolescente americana de grandes atributos mamarios. El caso es que la idea ha empezado a desagradarme. Leslat dice que tengo el cuarto muy desordenado y que no le dejo espacio libre para vivir tranquilo. Les- ¡Es que eres una guarra! ¡Ni siquiera ordenas tu ropa...! ¡y tus apuntes están por todas partes! ¡Estoy harto de ver las funciones cuadráticas distribuidas por toda la habitación! Ana- Uh... ¡No soy una guarra! ¡Y soy muy ordenada! Lo que pasa es que... ¡Es viernes, y hago puente hasta el domingo, que es día de descanso internacional...! Les-Lo mismo dijiste el lunes. Y el martes. Y el miércoles.... Ana- ¿Es que acaso es justo que tenga que estar ordenando todos los días menos uno? Es mi forma de protestar ante el sistema semanal que heredamos de los romanos, que está ya muy pasado... ¡A ver si modernizamos! Les- Si, hija, y tú eres la más apropiada para quejarte de como organizan el tiempo. Ana- ¡Eh...Qué tu deberías saber mejor que nadie que vivir por la noche y dormir por el día es lo mejor que puedes hacer! Les- Sí, siempre que hagas algo productivo y no te quedes en el messenger hasta las 10 de la mañana. Ana- ¡Ay! ¡Qué te calles! Uhg, qué asco de peluche. No podía estarse quieto y callado como todos los demás. No. Tenía que ser negro y tener forma de murciélago para revolotear por encima de mi cabeza. Es insoportable. ¡Ah, Sí! Se me olvidaba. La votación ha dado como resultado ANERIS, pero como os a gustado ALARIZ y SHORTY... He decidido mezclar un poquito. Ahora soy ANERITH, ¿Qué tal? ¿Me sienta bien? Les- Da igual como te llames, no podrás remediar ser una guarra. ¡Limpia, niña! ¡¡@#%&!! ¡Voy a hacer que se calle! |
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